Fenómeno Barrial. 

La maniobra venezolana como preludio a Cuba 

George Friedman

6 de enero de 2026


En las últimas semanas, me he centrado en dos puntos. Primero, Estados Unidos está reduciendo su participación en el hemisferio oriental y aumentando su participación en el hemisferio occidental. Basé esto en la nueva realidad geopolítica, confirmada por la nueva Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense. Segundo, argumenté que el masivo despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe fue mayor de lo necesario para lidiar con Venezuela y, en última instancia, su objetivo es abordar el problema de Cuba, y que todo esto la primera fase de la nueva estrategia estadounidense.


Los despliegues en el Caribe fueron el primer paso. El segundo se produjo la madrugada del sábado 3 de enero con el ataque estadounidense a Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa. En una conferencia de prensa posterior, el presidente Donald Trump anunció que Estados Unidos gobernaría Venezuela por un período no especificado, reorganizaría la economía venezolana, en particular la industria petrolera, y convertiría a Venezuela en un país rico, algo que, debo añadir, ya era en cierta medida antes de Hugo Chávez, un izquierdista que llegó al poder en 1999. Más precisamente, era un país mucho más rico que el de hoy.


Adicionalmente, en respuesta a la pregunta de un periodista sobre Cuba, dijo Trump : "Creo que Cuba será un tema del que acabaremos hablando, porque Cuba es una nación en decadencia en este momento, una nación en decadencia grave. ... Es muy similar [al caso venezolano] en el sentido de que queremos ayudar al pueblo de Cuba, pero también queremos ayudar a las personas que fueron obligadas a salir de Cuba y que viven en este país". El secretario de Estado, Marco Rubio, agregó: "Si viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría al menos un poquito preocupado". Más tarde, afirmó que el gobierno cubano es "un problema enorme" y está "en serios apuros".


El foco estadounidense sobre el hemisferio occidental inevitablemente incluirá a Cuba como prioridad. A finales del siglo XIX, con su preeminencia en Norteamérica asegurada y su poder creciendo rápidamente, Estados Unidos estaba en posición de explorar el horizonte en busca de posibles amenazas. Para poner fin al dominio colonial español en el Caribe y el Pacífico, fue a la guerra con España en 1898. El conflicto incluyó la famosa ofensiva de Teddy Roosevelt y sus Rough Riders en la colina de San Juan. Dicha colina estaba en Cuba.


Cuba reapareció en el radar de Washington el 1 de enero de 1959, cuando Fidel Castro tomó el poder en la isla. El régimen comunista de Castro se alió con la Unión Soviética, que envió ayuda para las operaciones cubanas en apoyo de las insurgencias marxistas en Centro y Sudamérica. Pero la Cuba de Castro, debido a su proximidad a Estados Unidos, también representó un desafío directo para Washington. En el apogeo de la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética, lo que desalentaba una guerra nuclear era el concepto de Destrucción Mutua Asegurada (DMA): un misil lanzado desde un territorio hacia el otro sería detectado con suficiente tiempo antes del impacto, y eso daría lugar a otro lanzamiento en represalia. Sin embargo, cuando los soviéticos introdujeron armas nucleares en Cuba, obtuvieron la capacidad (teórica, ya que requería muchos misiles) de destruir a Estados Unidos antes de que éste pudiera tomar represalias, socavando la DMA. Nunca el mundo estuvo tan cerca de una guerra nuclear.


La pesadilla de Washington, por lo tanto, era un régimen cubano aliado a un gran adversario de Estados Unidos. El colapso de la Unión Soviética pareció poner fin a esa pesadilla, pero resurgió en cierta medida cuando Rusia invadió Ucrania y, en 2025, renovó su acuerdo militar con Cuba. Con las armas estadounidenses apoyando la defensa de Ucrania, una esperable respuesta rusa era que suministrase a Cuba armas nuevas y peligrosas (aunque no nucleares).


En este sentido, Cuba y Ucrania son, en cierto punto, equivalentes geográficos debido a su proximidad con Estados Unidos y Rusia, respectivamente. Así como una Ucrania armada por Occidente representa una amenaza para Rusia, una Cuba armada por Rusia representa una amenaza para Estados Unidos -no en términos de una guerra nuclear, pero sí porque podría bloquear rutas comerciales claves desde la costa del Golfo estadounidense hasta el Atlántico con armas convencionales. La tensión en torno a Cuba no se acerca a lo que fue durante la Guerra Fría, pero sigue siendo un asunto significativo, dependiendo de cuán agresiva se vuelva Rusia.


Actualmente, ni Rusia ni ningún otro adversario importante de Estados Unidos controla Cuba. Y el renovado foco de Estados Unidos sobre el hemisferio occidental quiere que esto siga así. Durante la conferencia de prensa del sábado 3 de enero sobre Venezuela, Trump y Rubio hicieron referencia a la preocupación y el interés de Estados Unidos en Cuba. El presidente estadounidense también mencionó explícitamente a la Doctrina Monroe, que declaró la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental. Dado este énfasis, la decisión de derrocar a un líder hostil en Venezuela tiene sentido y podría ser un preludio útil para abordar el tema de Cuba. Las inquietudes que motivan a Trump y Rubio no son nuevas, ni irrazonables./