Fenómeno Barrial. 

Un rearme y 27 ejércitos 

Paula Granieri

18 de marzo de 2025


El pasado 12 de marzo, el Parlamento europeo en Bruselas votó mayoritariamente por el del plan ReArm Europe, que propuso la presidenta de la Comisión de la Unión Europea (UE), Úrsula Von der Leyen, a comienzos de mes. Con 419 votos a favor, 209 en contra, y 46 abstenciones, los eurodiputados aprobaron un plan de inversión de 800 mil millones de euros para, como bien dice su nombre, re-armar a los ejércitos del bloque. Aunque, como habría dicho la misma Von der Leyen, el plan se impulsó con miras a la defensa del continente ante “la amenaza rusa”, por lo que urge a los líderes tomar decisiones; algo similar a lo que expresó el presidente francés, Emmanuel Macron, en cadena nacional el 5 de marzo, cuando propuso “abrir su paraguas nuclear” a la UE, ante una posible avanzada de Putin – recordemos que Francia es el único país del bloque con “botonera nuclear” (grande De Gaulle...), y se le suma, Gran Bretaña que, si bien no es parte de la UE, reapareció en escena, de la mano de su Primer Ministro, Keir Starmer, quien se muestra alineado al francés, y porpone a sus soldados en la conformación de un misión de "peacekeeping" en Ucrania -.


Por otro lado, en Bruselas también se votó un texto que confirma el “decisivo apoyo de la UE a Ucrania” frente al “aparente cambio de posición” de los Estados Unidos sobre la guerra de agresión rusa, e incluso, ante el hecho de “haber culpado abiertamente a Ucrania de la guerra en curso (...)”. Un texto cuyos dardos iban contra el mismo presidente Donald Trump, ante lo cual, la Primer Ministro italiana, Giorgia Meloni, dio la orden a Fratelli d’Italia de abstenerse en la votación correspondiente (y dijo a populares y socialistas del Parlamento “a ver si paramos, con los insultos y ataques a Trump.”).


¿De dónde saldrán los fondos para el ReArmEU? Básicamente, de las arcas de los 27 Estados miembros de la UE. De los 800 mil millones de euros que se espera se inviertan en un plazo de 4 año, 650 mil millones se obtendrán a partir del endeudamiento nacional, gracias a la suspensión (promovida por la Von der Leyern) del “Pacto de Estabilidad y Crecimiento” - un acuerdo que firmaron los Estados miembro, luego de introducir la moneda común del euro, a través del cual, se comprometen a mantener unas “finanzas públicas saneadas” -. Asimismo, desde Bruselas apuntan a activar una cláusula “de excepción” para aplicar a los 27 presupuestos nacionales, para desviarse de los límites de la inversión pública, y alcanzar un gasto exclusivo en Defensa, con un techo del 1,5% del PBI nacional. Los restantes 150 mil millones, se esperan obtener mediante préstamos, a través de un nuevo instrumento institucional. Básicamente, eurobonos que emitirá la Comisión para los 27 Estados miembro, con garantías en el mismo presupuesto comunitario (y con la “ventaja” de que el Ejecutivo de Bruselas cuenta con condiciones más favorables en los mercados que muchos de los países europeos).


Y con esto, algunos comentarios. El primero: el financiamiento de la supuesta defensa europea saldrá, al fin de cuentas, de los bolsillos de los mismos europeos. Sabemos lo bien que vendrían unos cuantos miles de millones en Educación, Salud, en el Sistema Público en general, y sobre todo acá en Italia, – y con esto, no quiero caer en una excesiva romantización de un Estado de Bienestar golpeado desde hace años, y que, como bien expresó el expremier italiano y expresidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, tiene sentencia de muerte en el 2050 (no literal; y un punto que espero poder desarrollar en otro texto). ¿Esto significa que la UE no debe armarse? Para nada. Los Estados nacionales, y soberanos, necesitan de Fuerzas Armadas que defiendan sus fronteras; sobre todo, en un contexto actual, donde la principal – y me animaría decir – única “amenaza” proviene de Trump, y de su decisión de retirar el apoyo armamentístico y militar a Ucrania (y con ello, a toda la UE). Algo positivo, si se quiere, de la llegada del republicano a la Casa Blanca, fue la confirmación por parte de los líderes europeos de finalizar, de una vez por todas, la dependencia estratégica transatlántica. Lástima, que se dieron cuenta demasiado tarde, y las decisiones que se toman a las apuradas (o en caliente) no siempre terminan bien.


Por otro lado, ¿existe realmente una “amenaza rusa”? Tengamos presente que, después de tres años de conflicto, el Kremlin aún reclama los territorios ucranianos ocupados por su Ejército. Más aún, Putin impuso, como condición de una tregua definitiva y “duradera” (en contraposición a la tregua de 30 días que EEUU y Ucrania acordaron en Arabia Saudita el 11de marzo), la definitiva anexión del Donbás y la Península de Crimea, ambos ocupados militarmente en... ¡el 2014! (además de reclamar los territorios donde Rusia avanzó desde el 2022, entre otras condiciones). O quizás, como explica el profesor y sociólogo italiano, Alessandro Orsini, en esta participación en el programa Piazza Pulita en la televisión italianabasta periodizar el conflicto en Ucrania, para entender cuál fue la verdadera amenaza. La negativa del expresidente americano, Joe Biden, de sentarse en una mesa de negociación con Putin para arribar a un fin diplomático del conflicto, en 2022, es decir, en una primera etapa de la guerra; y el avance de las tropas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia la frontera rusa a través de Ucrania, empujaron al Kremlin a una inesperada y desmesurada inversión en armamento e infraestructura. Las mismas tropas de la UE, bajo el paraguas de la OTAN, “forzaron a Rusia a cambiar sus objetivos de expansión territorial”, agrega Orsini, iniciando así una segunda etapa de la guerra. Pero de esto en Bruselas no se habla; la postura oficial – y la propaganda más eficaz – siempre es “en defensa del agredido (Ucrania)” -, y más ahora, con una Comisaria de Asuntos Exteriores como Kaja Kalla, la ex Primer Ministro de Estonia, perteneciente a una de las familias fundadoras del país, y con una historia marcada por las deportaciones que sufrieron su madre, abuela, y bisabuela, por parte de la ex Unión Soviética.


Otra consideración tiene que ver con el objetivo mismo del plan impulsado desde Bruselas. Dejando de lado las cuestiones semánticas - algunos líderes cuestionan el término de “rearme”, y consideran mejor llamarlo un plan “de defensa” -, la principal pregunta es¿qué significa que la UE se rearme? ¿Será que el bloque va camino a conformar un Ejército propio, y único, una suerte de “cuerpo de élite” dirigida unilateralmente desde Bruselas? Nada más alejado de la realidad. El plan impulsado por la Von der Leyen permite armar a los 27  jércitos nacionales, y se puede añadir, por separado. Cada Fuerza tendrá “más y mejores armas”, pero por ahora nada ni nadie asegura que éstas actuarán en forma coordinada y conjunta; nada asegura, tampoco, que la tecnología e infraestructura de cada uno de los 27 armamentos resulte compatible, por ejemplo, a la hora de coordinar un ataque unificado . Y, por otro lado, ¿podemos imaginar a los alemanes recibiendo órdenes de Macron? ¿O a los militares italianos yendo al frente de batalla cuando, tranquilamente, podrían poner el cuerpo los polacos y los checos (quienes, al fin de cuentas, tienen una rivalidad histórica con los rusos)? ¿Quién dirá cuando es momento de atacar al Ejército de Putin? Y en caso de una posible agresión nuclear, ¿pensamos que Francia dejará que otro país apriete la botonera?


Como bien explica el periodista Marco Travaglio, editor del diario Il Fatto Quotidiano, aquíla UE no posee una política exterior común, no es un Federación o Confederación (al estilo americano o suizo), y la competencia en materia militar y de Defensa sigue siendo exclusiva de cada uno de los Estados miembro. Si quieren profundizar en el tema - y porque nobleza obliga - los invito también a escucharlo en sus ya famosos monólogos, que los encuentran en YouTube.


Para terminar, un último comentario, y tiene que ver con Alemania, y con lo que se espera, sea su renovado rol de liderazgo, en una Europa con relaciones transatlánticas cada vez más tensas. Hace unas semanas, el entrante Canciller alemán, el líder del Partido Democrático Cristiano, Friedrich Merz (que resultó primero en las elecciones legislativas del 23 de febrero con el 28,6% de los votos), anunció un acuerdocon quienes serían sus futuros socios en una coalición de gobierno (el Partido Socialdemócrata). El acuerdo implica la flexibilización del techo a la deuda impuesto por la misma Constitución alemana (Schuldenbremse), para el aumento del gasto en Defensa. Un cambio, no sólo en materia económica, sino en la misma filosofía (y piscología) de una clase dirigente que, por 35 años, sostuvo una política monetaria y fiscal de “endeudamiento cero”. Merz también anunció un plan de inversiones de 500 mil millones de euros en defensa y en infraestructura, que, si bien tiene que ser aún aprobado por el Bundestag, deja en claro una sola cosa: Alemania se rearma. No es mi intención reavivar viejos fantasmas, pero sabemos que, en la historia de Europa del siglo XX, las guerras nunca se debieron a amenazas externas, sino más bien,  a ataques entre vecinos.

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