El
pasado 12 de marzo, el Parlamento europeo en Bruselas votó mayoritariamente por
el sí del plan ReArm Europe, que propuso la presidenta de la
Comisión de la Unión Europea (UE), Úrsula Von der Leyen, a comienzos de mes.
Con 419 votos a favor, 209 en contra, y 46 abstenciones, los eurodiputados
aprobaron un plan de inversión de 800 mil millones de euros para, como
bien dice su nombre, re-armar a los ejércitos del bloque. Aunque, como
habría dicho la misma Von der Leyen, el plan se impulsó con miras a la
defensa del continente ante “la amenaza rusa”, por lo que urge a los
líderes tomar decisiones; algo similar a lo que expresó el presidente francés, Emmanuel
Macron, en cadena nacional el 5 de
marzo, cuando propuso “abrir su paraguas nuclear” a la UE, ante una
posible avanzada de Putin – recordemos que Francia es el único país del bloque
con “botonera nuclear” (grandeDe Gaulle...), y se le suma, Gran Bretaña
que, si bien no es parte de la UE, reapareció en escena, de la mano de
su Primer Ministro, Keir Starmer, quien se
muestra alineado al francés, y porpone a sus soldados en la conformación de un misión de "peacekeeping" en Ucrania -.
Por
otro lado, en Bruselas también se votó un texto que confirma el “decisivo apoyo
de la UE a Ucrania” frente al “aparente cambio de posición” de los Estados
Unidos sobre la guerra de agresión rusa, e incluso, ante el hecho de
“haber culpado abiertamente a Ucrania de la guerra en curso (...)”. Un texto
cuyos dardos iban contra el mismo presidente Donald Trump, ante lo cual, la
Primer Ministro italiana, Giorgia Meloni, dio la
orden a Fratelli d’Italia de abstenerse en la votación correspondiente
(y dijo a populares y socialistas del Parlamento “a ver si paramos, con
los insultos y ataques a Trump.”).
¿De dónde saldrán los fondos para el ReArmEU? Básicamente, de las arcas de los 27 Estados miembros de la UE. De los 800 mil millones de euros que se espera se
inviertan en un plazo de 4 año, 650 mil millones se obtendrán a partir del
endeudamiento nacional, gracias a la suspensión (promovida por la Von der
Leyern) del “Pacto de Estabilidad y Crecimiento” - un acuerdo que firmaron los
Estados miembro, luego de introducir la moneda común del euro, a través del
cual, se comprometen a mantener unas “finanzas públicas saneadas” -. Asimismo,
desde Bruselas apuntan a activar una cláusula “de excepción” para aplicar a los
27 presupuestos nacionales, para desviarse de los límites de la
inversión pública, y alcanzar un gasto exclusivo en Defensa, con un
techo del 1,5% del PBI nacional. Los restantes 150 mil millones, se
esperan obtener mediante préstamos, a través de un nuevo instrumento
institucional. Básicamente, eurobonos que emitirá la Comisión para los
27 Estados miembro, con garantías en el mismo presupuesto comunitario (y con la
“ventaja” de que el Ejecutivo de Bruselas cuenta con condiciones más favorables
en los mercados que muchos de los países europeos).
Y
con esto, algunos comentarios. El primero: el financiamiento de la supuesta
defensa europea saldrá, al fin de cuentas, de los bolsillos de los mismos
europeos. Sabemos lo bien que vendrían unos cuantos miles
de millones en Educación, Salud, en el Sistema Público en general, y sobre todo
acá en Italia, – y con esto, no quiero caer en una excesiva romantización de un
Estado de Bienestar golpeado desde hace años, y que, como bien expresó el expremier italiano y expresidente del Banco
Central Europeo, Mario Draghi, tiene sentencia de muerte en el 2050 (no
literal; y un punto
que espero poder desarrollar en otro texto). ¿Esto significa que la UE no debe armarse?
Para nada. Los Estados nacionales, y soberanos, necesitan de Fuerzas
Armadas que defiendan sus fronteras; sobre todo, en un contexto actual, donde
la principal – y me animaría decir – única “amenaza” proviene de Trump, y de su
decisión de retirar el apoyo armamentístico y militar a Ucrania (y con ello, a
toda la UE). Algo positivo, si se quiere, de la llegada del republicano a la
Casa Blanca, fue la confirmación por parte de los líderes europeos de
finalizar, de una vez por todas, la dependencia estratégica transatlántica. Lástima,
que se dieron cuenta demasiado tarde, y las decisiones que
se toman a las apuradas (o en caliente) no
siempre terminan bien.
Por
otro lado, ¿existe realmente una “amenaza rusa”? Tengamos presente que,
después de tres años de conflicto, el Kremlin aún reclama los territorios
ucranianos ocupados por su Ejército. Más aún, Putin impuso, como condición de
una tregua definitiva y “duradera” (en contraposición a la tregua de 30 días que
EEUU y Ucrania acordaron en Arabia Saudita el 11de marzo), la definitiva
anexión del Donbás y la Península de Crimea, ambos ocupados militarmente en...
¡el 2014! (además de reclamar los territorios donde Rusia avanzó desde el 2022,
entre otras condiciones). O quizás, como explica el profesor y sociólogo italiano, Alessandro Orsini, en esta participación en el programa Piazza
Pulita en la televisión italiana, basta periodizar el conflicto en Ucrania, para
entender cuál fue la verdadera amenaza. La negativa del expresidente americano,
Joe Biden, de sentarse en una mesa de negociación con Putin para arribar a un
fin diplomático del conflicto, en 2022, es decir, en una primera etapa de la
guerra; y el avance de las tropas de la Organización del Tratado del Atlántico
Norte (OTAN) hacia la frontera rusa a través de Ucrania, empujaron al
Kremlin a una inesperada y desmesurada inversión en armamento e
infraestructura. Las mismas tropas de la UE, bajo el paraguas de la OTAN,
“forzaron a Rusia a cambiar sus objetivos de expansión territorial”, agrega
Orsini, iniciando así una segunda etapa de la guerra. Pero de esto en
Bruselas no se habla; la postura oficial – y la propaganda más eficaz – siempre
es “en defensa del agredido (Ucrania)” -, y más ahora, con una Comisaria de
Asuntos Exteriores como Kaja Kalla, la ex Primer Ministro de Estonia, perteneciente a una de las familias fundadoras del
país, y con una historia marcada por las deportaciones que sufrieron
su madre, abuela, y bisabuela, por parte de la ex Unión Soviética.
Otra consideración tiene que ver con el objetivo mismo
del plan impulsado desde Bruselas. Dejando de lado las cuestiones semánticas - algunos
líderes cuestionan el término de “rearme”, y consideran mejor llamarlo un plan
“de defensa” -, la principal pregunta es¿qué significa que la UE se rearme?
¿Será que el bloque va camino a conformar un Ejército propio, y único,
una suerte de “cuerpo de élite” dirigida unilateralmente desde Bruselas? Nada
más alejado de la realidad. El plan impulsado por la Von der Leyen permite
armar a los 27 jércitos nacionales, y se puede añadir, por separado.
Cada Fuerza tendrá “más y mejores armas”, pero por ahora nada ni nadie asegura
que éstas actuarán en forma coordinada y conjunta; nada asegura,
tampoco, que la tecnología e infraestructura de cada uno de los 27 armamentos resulte compatible, por ejemplo, a la hora de coordinar un ataque unificado . Y, por otro lado, ¿podemos
imaginar a los alemanes recibiendo órdenes de Macron? ¿O a los militares
italianos yendo al frente de batalla cuando, tranquilamente, podrían poner
el cuerpo los polacos y los checos (quienes, al fin de cuentas, tienen una
rivalidad histórica con los rusos)? ¿Quién dirá cuando es momento de atacar al
Ejército de Putin? Y en caso de una posible agresión nuclear, ¿pensamos que
Francia dejará que otro país apriete la botonera?
Para terminar, un último comentario,
y tiene que ver con Alemania, y con lo que se espera, sea su renovado rol de liderazgo, en una Europa
con relaciones transatlánticas cada vez más tensas. Hace unas semanas, el
entrante Canciller alemán, el líder del Partido Democrático Cristiano,
Friedrich Merz (que resultó primero en las elecciones legislativas del 23 de
febrero con el 28,6% de los votos), anunció un acuerdocon quienes
serían sus futuros socios en una coalición de gobierno (el Partido
Socialdemócrata). El acuerdo implica la flexibilización del techo a
la deuda impuesto por la misma Constitución alemana (Schuldenbremse), para el aumento del gasto en Defensa. Un cambio, no sólo en materia
económica, sino en la misma filosofía (y piscología) de una clase dirigente
que, por 35 años, sostuvo una política monetaria y fiscal de “endeudamiento
cero”. Merz también anunció un plan de inversiones de 500 mil millones de
euros en defensa y en infraestructura, que, si bien tiene que ser aún
aprobado por el Bundestag, deja en claro una sola cosa: Alemania se rearma.
No es mi intención reavivar viejos fantasmas, pero sabemos que, en la historia
de Europa del siglo XX, las guerras nunca se debieron a amenazas externas, sino
más bien, a ataques entre vecinos.